IniestaUn idioma funciona de manera similar a una empresa que vende un producto. Importamos materiales de otros idiomas y exportamos aquellos que más éxito tienen en el nuestro. Existe una clara relación entre la idiosincrasia propia de una comunidad y las palabras que exporta la lengua de dicho grupo. 

Los antiguos y guerreros pueblos germánicos nos dejaron en el embrión de nuestro actual español palabras como “guerra”, “yelmo” o “bigote”. Asimismo, nosotros hemos dejado hispanismos que nos definen a nuestro paso. Uno de los más conocidos en el mundo es “siesta”.

En la Edad Media la Iglesia Católica dividió el día en ocho partes (horas canónicas). El mediodía se correspondía con la sexta hora, momento en el que se hacía una pausa en las labores para descansar. Esta práctica acabó siendo mundialmente conocida como la “siesta”, aunque en la actualidad preferimos realizarla después de la comida.

Una de las primeras palabras que los jóvenes estudiantes extranjeros aprenden en español cuando llegan a España es “fiesta”. Este popular vocablo procede de la voz latina festus y esta, de la raíz indoeuropea *-dhes, de la cual se originó la palabra latina fanum (templo), que encontramos en “fanático” o “profano”. Todas ellas tienen que ver con el tema religioso, muy alejado de las connotaciones actuales que le concedemos los hispanohablantes a nuestra “fiesta”.

Como podemos comprobar, algo tiene la terminación “-iesta” que consigue exportar palabras allende los mares, como sucedió en el verano de 2010, cuando millones de españoles gritaron al mundo: ¡Gol de Iniesta!